domingo, 28 de enero de 2007

Cuentos de Cucamonga (y otros artefactos)

Introducción.

Bueno, hace tiempo que estoy escribiendo cuentos, algunos bastante raros, los últimos bastante tontos (esos son mis favoritos); la cosa es que estaba pensando en relacionar todos estos escritos de alguna forma. Al principio planee hacer algo estilo Hesse, como que el protagonista fuera siempre el mismo, pero con distintas facetas de su personalidad; al final me pareció que la opción no iba con mi ideología nadista y la eliminé. Así pasó algún tiempo en que estos escritos estuvieron guardados en uno de mis cajones, mezclándose con algunos de mis dibujos y algunas de mis canciones. Pasaron meces en que no encontraba la forma de conectar estas historias, hasta que un día en una visita a la feria de las pulgas, encontré un disco de mi ídolo, el gran Frank Vincent Zappa; el nombre del disco era Cucamonga.

Por lo que sé, Cucamonga queda en algún lugar del imperio, cerca de California (ya saben, The Doors, rock and roll y weas), es un pequeño pueblito cercano al desierto de Mohave; en donde el gran Zappa solía pasar sus primeros años como compositor, en el legendario estudio Z. El nombre siempre me ha parecido pintoresco; de niño pensaba que Cucamonga se trataba de alguna clase de monstruo de película clase zeta; hoy es el lugar donde situare todas estas historias (ahí el elemento relacionador). Cabe destacar que este Cucamonga no es el mismo pueblito gringo perdido en el desierto, sino que es un lugar completamente imaginario, tal vez aún más perdido en mitad de la nada, de aquí no se sale, ni se entra.

Bien, ahora que he definido los porques de Cucamonga, es tiempo de dar la clásica cháchara existencial-filosófica del contenido de la obra. No quiero profundizar mucho en ese tema, soy un fuerte creyente en la superficialidad, un gran disidente de los trasfondos; nada va mas allá de lo que ven nuestros ojos y el resto es un engaño. Tal vez pueda enfocarme en el porque escribí estas verdaderas estupideces y el porque usted, el totalmente manejable lector comercial del siglo XXI, debería interesarse en el producto. Puede que lo que haya dicho antes haya sonado ofensivo, incluso un poco hiriente para el lector, pero a mi poco me interesa si el lector es un llorón de mierda, si usted se sintió de alguna forma ofendido le recomiendo que deje la lectura y se compre uno de esos best sellers; simplemente no escribo para usted. Ahora, si de alguna forma tomo con humor esto último, sientase libre de hojear, leer, publicar o fumar las siguientes hojas (si es que de alguna forma consigo publicar en papel de biblia).

En lo personal disfruté mucho escribiendo estas pequeñas historias, en ellas hay ciertos elementos claves que podemos llamar claves de continuidad conceptual (elementos que van uniendo las cosas por repetición), como la presencia de perros, la ausencia de gatos, las bandas que tocan en el bar, el piano fender rhodes, el árbol de la plaza, etc. Puede que las historias se realicen paralelamente, incluso sin que yo me haya dado cuenta, puede que haya repetido personajes, puede que dos historias ocurran en la misma mesa al mismo tiempo, etc. No medí todas las posibilidades.
Recordad eso sí, que todas estas historias carecen de trasfondo, son sólo imágenes de una película mental. No existe ser más estúpido en el universo que el crítico de arte, un ser que sirve a la industria comercial, dándole sentido (o al menos haciéndonos creer) a lo que no lo tiene. En este caso se da la libertad de interpretar, pero si me sale con algo de representar la vida en vasos de agua, le diré de lleno que es un estúpido. Bueno, con esto concluyo toda mi palabrería barata, espero que disfruten leer estas historias tanto como yo disfruté escribiéndolas.

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